Queridos paisanos,

Encontré su página www.inmigrantesargentinos.com navegando por la red, y me apresuro a escribirles. Yo soy un escritor y dibujante argentino residente en Suecia desde 1978. Actualmente salgo en 14 medios de diversos países. Mi forma de combatir al régimen que ha arruinado nuestro país es burlarme de sus porquerías, con notas de corte satírico. Tengo una serie quincenal que se llama "El amasijo", escrita con mucho lunfa, como se habla en nuestra tierra. Si les interesa, los invito a publicarla. Caso contrario, quedamos en paz.

Junto con este mensaje les mando mi curriculum, una foto para que me conozcan mejor, y un artículo con su correspondiente ilustración. Este material se renueva quincenalmente. Para leer más sobre mi trabajo, los invito a visitar www.rodelu.net o mi propia página web:  www.johnargerich.cjb.net.

Mi dirección es john.argerich@telia.com

 Reciban un saludo solidario y cordial,

CURRICULUM

 Escritor, periodista y dibujante, nacido en Buenos Aires, Argentina, y residente en Suecia desde 1978. Es contador público por la Universidad de Buenos Aires, con trabajo de postgrado en economía y en ciencias políticas. Debió exiliarse a raíz del golpe militar de 1976, habiendo viajado extensamente por Europa y las Américas. Residió en varios países, entre ellos Brasil, España, Estados Unidos y Uruguay. Fue director de la revista Juventud, de Buenos Aires, y jefe de redacción en la casa editorial W.M. Jackson Inc., de Nueva York. Fue traductor de The Readers’ Digest, y ha colaborado en libros y periódicos de ambos continentes,  destacándose su aporte al semanario sueco en lengua española Liberación, donde publicó más de doscientos artículos. Creó las columnas El amasijo, y De todo, como en botica. En la actualidad trabaja regularmente para más de una docena de medios, tanto electrónicos como impresos, de Argentina, Australia, Canadá, Holanda, Suecia y Uruguay. Escribe en castellano, inglés y sueco, habiendo sido traducido al idioma holandés. Cultiva el periodismo cultural, la sátira, el cuento costumbrista, y la poesía. Ha publicado varios libros, e ilustra personalmente la mayor parte de su trabajo. Sus temas favoritos son la caricatura y el relato ”multiplot”. Entre su producción más reciente merecen destacarse  una antología de escritores latinoamericanos residentes en Europa, llamada El libro de todos (1999),  y el poemario Rimas de soledad (2002). Ambos trabajos fueron publicados por Invandrarförlaget, de Borås, Suecia. Tiene tres obras de relatos inéditos, a salir próximamente.

 

 

 
                                                                           El amasijo
                                                                   

                LA MANO QUE VIENE BRUTA

                                       (Donde se habla de soluciones con valiente inspiración)

                                                                                                             Por: John Argerich

El presidente estaba tomando mate en la cocina, cuando dieron las 8. Entonces sonó el teléfono móvil.

-Hola… -dijo, sin mucho entusiasmo, pensando que podía ser el FMI.

-¿Qué me cuenta, excelencia? Habla don Pancho.

-¿El manosanta?

-Servidor. Disculpe si llamo de madrugada,  pero después que hablamos por teléfono pasé la noche en vela, y me vino la inspiración.

-¿Para curarle los sabañones a mi  hermana?

-Si fuera algo así,  no lo molestaba a estas horas, presidente…

-¿Qué sapa, entonces, che? ¿Te dijo el Tarot cómo aumentamos la recaudación sin estrangular más la economía?

-¡Ma qué presupuesto,  jefe…! Le hablo de solucionar para siempre todos los problemas que aquejan a la Nación.

… … …

A las 12:30 entró un granadero al salón dorado. El tercer subsecretario del secretario privado lo miró con expresión molesta,  mientras leía “Playboy en español”. ¡Vea que empiecen tan temprano a hinchar!

-Ha llegado don Pancho Sierra Fernández, que manifiesta haber sido citado por el presi, don.

Y el funcionario, metiendo apurado la revista en un cajón,  apretó con cara de circunstancias una tecla del intercomunicador. Esta decía “segundo subsecretario del secretario privado”.

-¿Cómo llamás justito ahora? Estoy escuchando Boca-River, y el árbitro cobró un penal…

-Acaba de llegar don Pancho Sierra Fernández, citado por el presi.

-Siendo así, le pasaré el tema al primer subsecretario.

-¿Quién habla? -dijo poco después una voz gangosa,  aún somnolienta.

-Acaba de llegar don Pancho Sierra Fernández, citado por el presi.

-Esperá, que me despabilo y llamo al subsecretario,

Y apretó un botón.

-¿Qué ocurre, Jacinto? ¡No me distraigas cuando estoy comiendo asado con la familia, por favor!

Entonces se activó un mecanismo de seguridad para evitar pinchaduras, como corresponde a toda llamada que supera el Rango 3.

-Avisaré al secretario privado.

Hubo un minuto de suspenso.

-Hola, tío…

-¿Cuántas veces voy a decirte que  respeten  mi privacidad? Estoy con el profesor de golf, che… –repuso el alto funcionario.

-Acaba de llegar don Pancho Sierra Fernández, citado por el presi.

-Siendo así…

Y tomó un largo sorbo de whisky importado.

-Disculpe un momento, Williams –dijo- ¡Primero la obligación!

-¡Lo que es vivir para la patria…! –repuso aquél.

El secretario privado respiró profundamente, mientras asentía con la cabeza, cubierta de dignas canas. Después se incorporó, para golpear la puerta del despacho presidencial. Consciente tal vez de que no sería bien recibido, vistas las circunstancias.

-¿Qué carajo pasa ahora? –rugió el primer mandatario- ¡Ya me interrumpieron por lo menos tres veces el partido de truco con los gobernadores! 

-Tranquilo, papá…Acaba de llegar don  Pancho Sierra Fernández, y dice que lo citaste vos.

-¡Oia mi Dió, me se había olvidado, con la festichola de anoche…! Hacelo pasar dentro de diez minutos, así tengo tiempo de calarme ropa limpia.

Y la cuenta regresiva se agotó. Cuatro… tres… dos… uno… ¡cero! En ese preciso momento se abrieron los majestuosos portales de acceso al despacho, y el presidente miraba altivo, desde el sillón de Rivadavia. Un edecán naval con uniforme de gala saludó ceremoniosamente, y poniéndose en posición de “firme”, dijo:

-Ha llegado don Pancho Sierra Fernández, citado por el Poder Ejecutivo Nacional.

El presidente miraba como desorientado, y un asesor de pié tras el sitial, le susurró al oído:

-Habla de vos, compadre…

-Sean eternos los laureles –contestó el presidente, no ocurriéndosele nada más oportuno, vista la solemnidad del momento.

Después se cerraron los portales, y el lider ordenó a los gobernadores que se fueran a seguir el partido de truco a la cocina, porque él debía considerar importantes asuntos de estado.

-Pero nos falta una mano para hacer dos mesas de cuatro…

-Llamá al jefe de ceremonial, que para eso está.

Después encaró al manosanta.

-Buenas, Panchito –dijo- ¿Así que tenés la precisa para arreglar todos los fatos de la República? Debe ser un milagro de tu tecito de yuyos. Hablá tranquilo, que voy a suspender mi agenda de  audiencias.

-Pero hoy presentaba credenciales el embajador de Morochundia… -objetó un asesor del tercer subsecretario.

-¡Que me dejen de hinchar las pelotas, cuando estoy ocupado!

-Lo siento, pero yo seguí el manual de procedimientos vigente en la administración nacional. Le dije que volviera después del 15, pero el tipo es un pesado. No quiere irse de la puerta.  Sostiene que este plantón  menoscaba la dignidad de su país,  y está a los gritos tirando una bronca de órdago,  para que le paguen el taxi…

-¡Rompan relaciones diplomáticas con esos negros de mierda entonces, así me dejan de joder!

-Llamaré al canciller…

El presidente hizo un corte de manga, y con su mejor sonrisa, agregó:

-¿Seguimos, Pancho?

-Le decía que tengo la precisa, jefe…

El aludido,  con varias tormentas de gritos y cacerolas aún frescas en la memoria, no podía ocultar su ansiedad. Y miraba cada tanto de reojo hacia afuera, con miedo de ver en cualquier momento surgir otra multitud hostil frente al balcón.

-¡Hablá, que me paso de vueltas, che!

-¿Quién, es el responsable de todos nuestros males?

-Bush, Colin Powell, la minusa Rice, el Fondo Monetario, qué sé yo, preguntále al ministro, que yo ya no entiendo más un pito de lo que pasa en este país, con tanto quilombo.

-¿Norteamérica, entonces?

-Propiamente, sí.

-Entonces, los hacemos cagar fuego, para que aprendan.

-¡Pero son una superpotencia, che!

-Póngale la firma. ¡En estas cosas, hay que tener agallas! Si nos jodieron cabe solamente una respuesta, para lavar el honor nacional.  Debemos declararles la guerra inmediatamente.

-¿Te rayaste, manosanta? Mirá lo que  pasó en Malvinas, por güevear con  los ingleses…

-Las cosas se hicieron mal.

-¿Qué proponés, entonces?

-Mandamos la marina con todos los tanques y aviones que quedan, y desembarcamos en Nueva York.

-¡Nos dan un pesto de padre y señor mío, viejo!

-A eso iba. Entonces nos rendimos, y colorín colorado, el problema se ha acabado. ¿Estamos?

-No entiendo…

-De entrada, los yonis van a tirar una bronca padre.  Pero después vienen con un  plan Marshall, que arregla todos los fatos del país. Es su costumbre, como pasó en Afghanistán. 

El presidente meditaba, con aire nervioso, restregándose las manos, hasta que por fin agregó:

-En teoría el planteo está fenómeno, pero los riesgos son enormes.

-¿Cuál es su preocupación, doctor?

-¿Y si nos sale el tiro por la culata, y se rinden ellos? ¿Con qué guita lo bancás a  Bush, después?

… … …

Vista tal incertidumbre, el plan milagroso jamás se aprobó.

 

                                                                    The End.  

 

 Copyright:  John Argerich, 2002.

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